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El voto de Munio Sancho

Te cuento la historia de Munio Sancho de Finojosa, un caballero valiente del condado de Castilla que era famoso por sus hazañas en la guerra contra los moros. Pero también tenía una promesa pendiente que le daba vueltas en la cabeza.

Resulta que este caballero tan principal había prometido visitar el Santo Sepulcro en Jerusalén, pero las obligaciones bélicas lo mantenían ocupado. A pesar de su fama como guerrero y cazador de venados, Munio Sancho era un hombre muy cortés. Un día, mientras recorría la frontera con su tropa, se topó con un grupo de moros bien vestidos, pero sin armas. Pensando que eran unos prisioneros valiosos, los hizo presos, ¡pero se llevó una sorpresa! Eran unos novios y su cortejo nupcial en camino a celebrar la boda.

Los novios, Abaddil y Alifra, suplicaron a Munio Sancho que les permitiera continuar con la ceremonia. El caballero se conmovió ante el ruego y cambió de planes. Organizó una boda grandiosa en su propia torre, con banquetes, torneos y corridas de toros que duraron más de quince días.

Después de aquel episodio, Munio Sancho siguió librando batallas y saliendo ileso, hasta que llegó un día fatídico. Enfrentándose a un poderoso ejército árabe cerca de Uclés, Cuenca, las cosas no salieron como esperaba. Munio perdió un brazo en la lucha, pero ni eso lo detuvo. Sus hombres le aconsejaron retirarse, pero él prefirió morir como Munio Sancho y no sobrevivir como Munio Manco. Siguió peleando con todas sus fuerzas, pero la suerte no estaba de su lado. Al final, él y sus hombres cayeron en combate.

El voto de Munio Sancho

Antes de exhalar su último suspiro, Munio pidió perdón divino por no haber cumplido su promesa de visitar el Santo Sepulcro. Pero algo asombroso sucedió en Jerusalén aquel mismo día. El capellán del patriarca se encontró con una comitiva de guerreros cristianos, cubiertos de polvo, siendo liderados por Munio Sancho de Finojosa. Había venido finalmente a cumplir su promesa.

El patriarca recibió a Munio Sancho y sus hombres con cánticos y oraciones. Cuando llegaron ante el Santo Sepulcro, todos se arrodillaron y oraron. Y en un momento mágico, sus figuras se desvanecieron en el aire y desaparecieron de la plaza, como si nunca hubieran estado allí. Fue un final sorprendente para este valiente caballero.

En la batalla donde pereció, participó el mismo Abaddil a quien Munio Sancho había honrado en sus bodas con Alifra. Al enterarse de la muerte del caballero, Abaddil recuperó su cuerpo y el brazo perdido, los amortajó con gran riqueza y los llevó de vuelta a la torre donde había vivido Munio Sancho, para entregárselos a su esposa, doña María Palacín.

Los restos de Munio Sancho de Finojosa reposan en el claustro de Santo Domingo de Silos. Una historia épica que nos habla de valor, amor, honor y el cumplimiento de una promesa. ¡Espero que esta historia te haya atrapado tanto como a mí!

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