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En 1974, Carlos Arias Navarro, dirige un discurso programático a las Cortes, considerado aperturista; dio lugar al llamado “espíritu del 12 de febrero”.

espíritu del 12 de febrero

En 1974, el presidente del Gobierno de España, Carlos Arias Navarro, marcó un hito político con su discurso programático ante las Cortes, conocido como el “Espíritu del 12 de febrero”. Este programa, presentado en el último gobierno de Francisco Franco, llevó consigo promesas aperturistas, destacando el asociacionismo político dentro del Movimiento Nacional como uno de sus puntos clave. Sin embargo, su implementación encontró obstáculos, especialmente después de eventos como la Revolución de los claveles en Portugal en abril de 1974, que influyeron en un retroceso del programa aperturista.

El nombramiento de Carlos Arias Navarro como presidente del Gobierno en enero de 1974 marcó un cambio al alejarse del modelo tecnocrático previo. Su gobierno buscó un equilibrio entre inmovilistas y reformistas, reflejando tensiones internas dentro del régimen franquista. El discurso del 12 de febrero pareció señalar un giro hacia políticas más liberales, abogando por la participación política ampliada y la creación de asociaciones políticas.

El programa aperturista, sin embargo, se vio limitado en su implementación. Aunque se prometió una mayor participación política y la elección de alcaldes, el Estatuto de Asociaciones Políticas resultó restrictivo. La prensa experimentó cierto margen de crítica bajo la política de Pío Cabanillas, pero eventos como el caso Añoveros, donde un obispo fue instado a marcharse por sus opiniones, y la ejecución de Puig Antich generaron tensiones.

La situación internacional, marcada por el golpe militar en Portugal, influyó en un cambio de rumbo. La ofensiva del “búnker” franquista, liderado por José Antonio Girón, marcó la rectificación de Arias Navarro. La destitución del general Díez Alegría y el discurso en Barcelona evidenciaron una vuelta atrás en las políticas aperturistas, con Arias Navarro señalando que las asociaciones políticas no debían alterar el papel del Movimiento ni el espíritu del régimen.

En conclusión, el “Espíritu del 12 de febrero” de 1974 representó un intento de apertura política en el régimen franquista, pero las tensiones internas, eventos adversos y presiones del “búnker” llevaron a una rectificación, evidenciando las dificultades para implementar reformas significativas en el ocaso del franquismo.

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