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La leyenda del Ojáncano

¿Listos para conocer a uno de los ogros más temibles que rondan por La Montaña? ¡Ponte cómodo y prepárate para conocer la leyenda del Ojáncano, o como le dicen en otras regiones, Ojáncanu Juáncanu, Jáncano, Pelujáncanu o Páncano!

Este tipo es un auténtico monstruo, grande, malvado y ¡súper fuerte! No se anda con rodeos, su objetivo es causar daño y destrucción por doquier. Puedes pensar en él como el “Rey del Mal” para los montañeses, y sí, es tan cruel y sanguinario como lo pintan. Parece que le corre pura ira y odio por las venas, ¡no quiere saber nada más que hacer el mal!

Este grandulón salvaje y vengativo se esconde en las grutas más oscuras y recónditas de Cantabria. Ni te atrevas a entrar en su territorio, porque lo tiene todo bien bloqueado con maleza y rocas gigantes. ¿Cómo saber que está cerca? ¡Basta con fijarse en los desfiladeros y barrancos que lo rodean!

Para darte una idea de su apariencia, imagina a un gigante con un solo ojo gigantesco, ¡como un cíclope! Y, claro, no podían faltar las garras afiladas en sus pies y manos. Su cara es un completo desastre, con verrugas y una nariz desproporcionada que cuelga bajo su ojo único. Con esa voz grave y profunda.

Dicen que su punto débil es un único pelo blanco escondido entre su enmarañada melena rojiza. Si alguien tiene el valor de arrancárselo, se queda ciego y se despide de este mundo.

Y, ojo, porque el Ojáncano no está solo en sus fechorías. Suele andar en compañía de uno o dos cuervos, los únicos animalitos que lo soportan.

Pero espera, aquí no acaba la historia. También tenemos a la Ojáncana, la versión femenina. Y es igual de aterradora que su compañero masculino. Imagina a una mujer gigante con dos ojos legañosos, largos pechos que se lleva hacia la espalda para correr mejor y sin barba. A los lados de su boca, sobresalen colmillos curvados al estilo jabalí.

La leyenda del Ojáncano

La Ojáncana tiene un apetito voraz, especialmente por los niños que se pierden en los bosques. Los devora y chupa hasta la última gota de su sangre. De hecho, se dice que para proteger a los recién nacidos de tan terrible destino, los rocían con agua bendita.

Estos horribles seres tienen una forma peculiar de reproducirse. Cuando uno de ellos envejece, los demás lo matan, le abren el vientre y reparten lo que lleva dentro. Luego, lo entierran bajo un roble. Después de nueve meses, del cadáver emergen unos asquerosos gusanos amarillos que huelen a podrido y del que sale un nuevo ogro.

Así que ya lo sabes, si andas por La Montaña y te encuentras con el Ojáncano o la Ojáncana, ¡corre por tu vida! Aunque, si tienes el coraje suficiente para arrancarle ese pelo blanco, podrías ser un héroe… ¡o no salir vivo del intento!

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